No cabe duda que en esta vida, estamos obligados a lidiar y batallar
continuamente con el implacable sufrimiento.
No obstante, es
completamente inevitable escapar del; por el contrario, queramos
aceptarlo o no, es la manera más difícil de aprender, valorar, y
apreciar la vida.
Se puede sufrir física y espiritualmente, pero de la
forma en que se presente nos asechara en cualquier momento y sin previo
aviso, al igual que la tenebrosa sombra de un fantasma esperándonos
escondido a la vuelta de una esquina.
En algún lugar alguien suplica por
un poco de abrigo, en otro, por una terrible enfermedad; en otro lugar
alguien sufre la gran pérdida de un ser querido.
Hay quienes nacieron sin tener sus extremidades completas; y en
algún rincón del planeta un niño está muriendo de hambre, porque su
nación invierte su capital en armas para la destrucción y no para un
buen fin.
Pero todavía existe una luz de esperanza dentro del oscuro
túnel del sufrimiento; hay muchas almas de noble corazón encargadas de
secar las lágrimas que caen en las mejillas de los afligidos, y se
esmeran en cubrir los pies descalzos, y dibujar una sonrisa en los
labios de quienes más lo necesitan.
Sin embargo, no olvidemos que el
hijo de Dios, creador de los cielos y la tierra, también sufrió; como no
habríamos de sufrir nosotros, que sólo somos simples mortales.
No
obstante, recordemos que con una gota de amor y compasión, de cada uno
de nosotros, disminuiremos en gran medida el dolor que existe en este
mundo.

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